La Ășltima cena
Tras dĂas pesados entre escuela, trabajo, relaciones fallidas y actividades extracurriculares, mis amigos y yo decidimos organizar una cena para despedir el año: un convivio cute, con intercambio y muchas risas. Ya en el lugar, comenzĂł la plĂĄtica, cargada de historias sobre noviazgos, traumas emocionales y, claro, risas; siempre se escapa uno que otro chiste que provoca carcajadas entre los invitados.
Sentados ahĂ, despuĂ©s de una que otra copita y tras mirar a los ojos a algunas de las personas en la mesa, no pude evitar pensar: wow. TĂș y fulanito cogieron, Ă©l con Ă©l, Ă©l con ella… y asĂ sucesivamente. Inevitablemente me preguntĂ© cĂłmo podĂan comer en la misma mesa como si nada hubiera pasado en un colchĂłn matrimonial de segunda mano o en un automĂłvil prestado. Compartieron mĂĄs que besos, y ahora compartĂan comida, charla y risas, como si fueran los doce apĂłstoles. Estaba claro que yo serĂa JesĂșs.
Todos parecĂan actuar con completa normalidad. A fin de cuentas, Ă©ramos amigos. Pero yo no entendĂa cĂłmo podĂan evitar —o bloquear— ese recuerdo sin algĂșn tipo de regresiĂłn o flashback. Me preguntĂ© si eso serĂa una habilidad adquirida despuĂ©s de iniciar la vida sexual.Me sentĂa como un niño inmaduro, casi como cuando tienes trece años y estĂĄs sentado en una mesa rodeado de adultos sin entender nada porque te faltan experiencias. Golpe de realidad: tengo veinte.
Al observar la escena —mesa larga, invitados muy diversos— tuve una epifanĂa no tan profunda, mĂĄs bien banal: tal vez yo era la Ășnica persona virgen allĂ, la Ășnica que no habĂa compartido fluidos con nadie. Eso me entristeciĂł y me hizo preguntarme cuĂĄnto me falta para sentirme parte de ese mismo mundo, riendo, comiendo y actuando como si nada.
- XOXO, Harryhell

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