lunes, 22 de diciembre de 2025

Querido Santa...

Querido Santa…

Tras volver a mi pueblo en épocas decembrinas, rodeado de piñatas, ponche y mucho espíritu navideño, me fue inevitable pensar en aquellas Navidades en las que era tan solo un infante y esperaba con ansias su llegada para recibir mi regalo del tan mítico Santa Claus: ese viejo barrigón que viste de rojo y anda repartiendo felicidad a los niños a través de cosas materiales —juguetes—, o bien, de los Reyes Magos.

Esas noches en las que les ponía leche con galletas y despertaba ansioso a las siete de la mañana para ver cuál sería la sorpresa que me traerían; cuando claramente ya había realizado una carta previamente. Ver bajo el árbol el juguete perfecto —o el indicado—, que muchas veces no era exactamente el mismo, pero sí parecido… y aun así me hacía tan feliz. Qué dicha.

Pero ahora tengo 20 años, no tengo dinero y mis padres ya no tienen la obligación de pretender ser seres celestiales provenientes del Polo Norte o de Belén. Sin embargo, he de decir que con el paso de los años me he vuelto mucho más ambicioso, y necesito tantas cosas en mi vida que definitivamente no tengo.

Fue entonces cuando no pude evitar preguntarme: ¿Qué le pediría a Santa ahora que soy mayor?


Y es por eso que me aventuré a preguntarle a gente mayor (como yo) qué le pedirían a Santa hoy en día:


— Yo le pediría dinero.

Zalia Rivera, 16 años


— Una casa… o un viaje.

Leopoldo Rivera, 27 años


— Que acabe en paz y para bien de los palestinos el conflicto en la Franja de Gaza.

Emma León, 30 años


— Le pediría cero problemas familiares, porque sería más feliz.

Tian Haack, 20 años


Fue entonces cuando pude percatarme de algo: desde pequeños pedimos cosas muy parecidas. Sí, aunque no lo creas. Porque todo aquello que le pediríamos a Santa responde, en el fondo, a una misma necesidad: la de ser felices.

¿Para qué querríamos dinero, una casa, la paz mundial o el fin de nuestras absurdas discusiones con nuestros padres en esta etapa de adultez joven? Precisamente para eso: para ser felices.

Porque de eso se trata la Navidad. De olvidar nuestros problemas, aunque sea por una noche invernal; de celebrar con la familia y reflexionar sobre lo que tenemos, entendiendo que muchas veces eso ya es más que suficiente.

Santa ya no reparte juguetes para nosotros porque ya no los necesitamos. Pero sigue ahí como un recordatorio: el de reflexionar sobre cuánto tenemos y cuán felices somos en realidad, aunque no siempre nos demos cuenta.

Y si me preguntaran qué le pediría a Santa ahora, sin duda alguna no pediría más que eso: ser feliz.

✧₊⁺🕯⋆.˚୨ৎ

Felices fiestas,

Harryhell

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